Septiembre 2014

Una Rama de Olivo Por Harper's Bazaar España

Del arte de los museos al arte del aceite.

Vicente Todolí ha trabajado por todo el mundo, pero no se ha olvidado de su tierra, Valencia. Ha sido director del Instituto Valenciano de Arte Moderno, del Museo Serralves de Oporto, de la Tate Modern de Londres, ayudó en el arranque del Reina Sofía y, actualmente y hasta 2016, se encarga de la dirección artística del centro de Milán, Hangar Bicocca, y también preside la comisión asesora de la Fundación Botín, que inaugurará un centro de arte este verano. Pero a finales de los años 80, Todolí decidió compatibilizar su impresionante trayectoria profesional con un proyecto gastronómico que, como él mismo reconoce: “Lo hago como un hobby, no como un negocio”.

En uno de sus habituales paseos por las montañas del norte de Alicante descubrió una casa en ruinas y unos bancales de tierra destruidos, todo abandonado. “Vi lo que sería un proyecto: comprar la tierra, restaurar los bancales y la casa y plantar. Aquello era una zona de olivos, almendros y cerezos, y fue lo que hice; primero planté los olivos, pensando en la idea de algún día hacer aceite”. Más tarde, tras probar a producir el aceite por su cuenta, decidió contactar con Miguel Abad, uno de los mejores asesores de aceite en España y el que da sentido al matiz “aceite de autor” que posee Tot Oli.

Como no podía ser de otra forma, el diseño de la botella es un elemento importante en el aceite de Todolí. El diseñador Fernando Gutiérrez, con quien Vicente ha trabajado en la elaboración de varios catálogos de arte, es quien firma la botella. “Mi intención era hacer un objeto de diseño que evitara las aceiteras, porque el aceite tiene dos grandes enemigos: la luz, porque se oxida, por eso la botella de Tot Oli es negra, y el calor. La idea fue evitar los diseños rococós que suelen acompañar a las botellas de aceite y en cambio, aproximarse al mundo del vino, ya que realmente el aceite es zumo de aceituna a diferencia del vino, que es zumo de uva y fermentado”.

Ése es, según Todolí, el rumbo que está tomando el mundo del aceite, el que cogió el vino hace unos años. “Se trata de educar al consumidor para que sea su paladar el que después realmente pida unos niveles de calidad”. Una sabrosa y saludable tendencia.